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13 de mayo de 1981exteriores > AGA-83-07633

Artículo 'Monarquía Nacional' de Julián Marías y comunicación diplomática

Artículo de Julián Marías elogiando el prestigio del Rey Juan Carlos I tras el 23-F, enviado por el embajador de España en México al Ministro de Asuntos Exteriores.

2 páginas

Resumen extendido

El documento es una comunicación diplomática del embajador de España en México, Eduardo Peña, dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores, fechada el 13 de mayo de 1981. Adjunta un recorte del artículo 'Monarquía Nacional' publicado en el periódico 'Novedades' por el filósofo Julián Marías. En el artículo, Marías analiza el aumento del prestigio del Rey Juan Carlos I tras los acontecimientos del 23 de febrero de 1981, destacando su actitud democrática y su papel crucial en la defensa de la democracia y la unidad nacional durante el intento de golpe de Estado. Marías argumenta que el Rey ha sabido ajustarse a su condición constitucional, impulsando la transformación política de España y evitando el particularismo, lo que ha fortalecido su legitimidad y prestigio tanto a nivel nacional como internacional. El artículo también reflexiona sobre la historia de la Monarquía en España, citando a figuras como José Ortega y Gasset para criticar el particularismo y enfatizar la necesidad de una monarquía nacionalizada al servicio del país. La comunicación diplomática subraya la importancia de este artículo como testimonio del apoyo internacional a la monarquía española en un momento crítico.

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GA | re A A-G El e ‘aie @ 4. “to € : = A, uardo Pefia be Excmo.Sr.Ministro de Asuntos Exteriores.Madrid. : 13-14-94 Sot Monarquía Nacional “yee y Por Julián Marías L a actitud del Rey, y su conduc- aclara esta expresión. Para Ortega, ta, en dos momentos recientes, 1a raíz de los males de España, des- uno delicado (Guernica) y otro gra- de hace siglos, es el particularismo, vísimo (el secuestro del Congreso y la desintegración, el hecho de que el gobierno el 23 de febrero) han au- las partes del todo empiecen a vivir mentado increíblemente su presti- como todos aparte. «La esencia del gio. Como el prestigio es aquel irreal particularismo —escribe— es que poder que más conviene a los reyes, cada grupo deja de sentirse a sí mis- creo que los españoles debemos feli- mo como parte, y, en consecuencia, OTE es tee ar ctie anne erg maser h- nsa que si no fuera por el Rey, a mas». Por e: a estas horas no tendríamos en Espa- rística de ese estado social la hiper- fia democracia, libertad politica ni sensibilidad para los propios males. derechos ciudadanos. Algunos cier- Se pensará en los movimientos sepa- tamente lo deploran, pero creo que ratistas, escisionistas dentro de la la mayoría ha visto pasar por delan- nación; así es, y de ellos habla larga- te un fantasma amenazador, que le mente Ortega, pero los considera co- ha producido un estremecimiento. mo ejemplos o manifestaciones de ese particularismo que es su verda- : dera raíz y que se extiende a todas Seas las «partes» de España, en cualquier De esa convicción se sacan algu- gent do que se ‘apne esta eepresitn nas consecuencias; pero me pregun- í i ai 4 «Empezando por la Monarquía y si- son las adecuadas. ¿Se trata del endo por la Iglesia, ningun poder Tey) ode. (yan Carlos cda lgunasidn racionalse pensado más ie si ran que se trata del rey Juan Carlos mismo». «Monarquía e Iglesia se I, único concreto y efectivo. eviden- han obstinado en hacer adoptar sus a a, ae Nene NO destinos propios como los verdade- ay iS go hee ae ramente nacionales». «La vida social do a 1 Pt i ft ie espafiola ofrece en nuestros dias un ceado todo lo posible las funciones y extremado ejemplo de este atroz poderes del rey, hasta intentar redu- particularismo. Hoy en España, más cirlo (ya que no habían podido elimi- pie, que una nación, una serie de narlo) a una figura decorativa, están compartimientos ACI Monar- a ES He oc haya Guia, Iglesia, políticos, el grupo mili- Wy Ree TS al a: ee Y — tar, las clases sociales, las regiones, Ñ elo en el Tuturo. 205 se entregan al particularismo en lu- Ss ae brains: que el Rey sea far de sentirse como partes que tie- cadete EE os no que nen que contar con las demás: es lo : ro CEM EIN: que Ortega llama nacionalización. El prestigio de Juan Carlos I se Las esperanzas en que la Monar- funda —aparte de sus admirables ula Supiera y quisiera «nacionali- condiciones personales— en que ha arse» se han pedido enteramente en sabido ajustarse con rigor a su con- 1930. El 15 de noviembre publica Or- dición de Rey de España. Hasta tal tega en Ce Sol su ee are punto, que ni siquiera a los senado- «El error Berenguer». Cree Ortega res reales hizo la menor presión, la ae la ee aula Ena el deper de menor indicación de cuáles eran sus haberse extenuado, hora por hora, preferencias o sus deseos. Puso en En Case los pefectos oe los ope marcha la transformación politica oles, en vez de especular sobre de España, la confió a quien le pare- ellos, «excitando la vitalidad politica cía capaz de realizarla y dejó que la del español, haciéndole hiperestési- legalidad vigente engendrase una le- co para el Derecho y la dignidad ci- gitimidad total, a la cual se sometió vil». : escrupulosamente, por lo cual quedó PS legiti Supongamos un instante dice — y E o. Y desde entonces, desde ques ¿reg que el advenimiento de la-— te da O completó la oe Dictadura fue inevitable. Pero esto, tura del Estado, roto ni qué decir tiene, no vela lo más mi- | trictamente un rey constitucional al Limo ef hecho de que sus actos des- Samy iciojdena nacion PUSS RE pués de advenir fueron una crécien- procamente, sostenido por ella (sal- (2 y monumental injuria, un crimen vo los sediciosos de cualquier color). de lesa patria, de lesa casio ; sa dignidad pública y privada. Por ad? Si sa - Atl 4 terior, oe deso! ie duda minar se hubiese, con leal entereza, la República establecida hace cin- o cuenta años, hay que hacer algunas 3 y ; restricciones, El Presidente era e ae : hombre de partido; ciertamente de- 7°". i bia olvidar esta condición, y el ori- pa NS Se Ed oh Espana gen de su mandato, una vez alcanza- *— = > S da la Presidencia; pero esto no es pepsin reconstruir vuestro Es- fácil. Las Cortes del Frente Popular '2d0!» destituyeron a Alcalá Zamora sin a Span pele presi Es haber querido «salir del paso», ae 4 Sa Ati las Cort a ae feat realizar la politica el «aquí no ha pa- a aot WAPAR AS Toone ion sado nada», fue el «error Berenguer, adie Reanth eri Pear, de que la historia hablará». Es lo Paiste calcd ES be que llevó a Ortega a concluir su ar- Cuenta y Razón lo que decía el 7 de eet pie aie lo famosa: Delenda junio de 1931, y los que no habían leí- 4 do su Velada en Benicarl6 tienen ocasion de escuchar en adecuada | e A los beligerantes de la guerra civil, 2 ee A desde 1937, a pesar de fered siguió lizar» la Monarquía, porque ha naci- presidiendo uno de los dos bandos acond hasta casi el final). Pele if 4 ) gitimación dinástica y democráctica — al servicio de España en su inte- Pero —se dira— ¿y más allá, du- gridad, ha buscado su figura no mi- rante los largos años de la Monar- dd Be Reto ee quia? Quiero recordar la actitud an- MI SIq 1 ñ A A ne i te ella de Ortega oes omer timo cuarto de siglo. En lugar de significativos: i y . Hay ; ae ; retación de la Monarquía y lo que * pare él era lo EDISON la coda los destinos de la nación son los que primaria de la cual dependía la posi- ee y en oes na ción que frente a ella se debiera to. quia. Ha impulsado la vida nacional, ee ha excitado la sensibilidad de los es- : pañoles para la dignidad civil, ha : ee ejercido en nombre de ella —es de- En su conferencia Vieja y nueva cir, del Gobierno constitucional— el- politica (23 de marzo de 1914), Orte- mando de las Fuerzas Armadas; ha ga trata extensamente de las formas mantenido, con entereza, con evi- de gobierno. Ve con simpatía «un dente riesgo, «la unión civil de los es- movimiento que ha puesto a muchos pañoles». republicanos españoles en ruta hacia la aa cee ae «lo único Ea Ne einen que queda como inmutable e impres- enemos una Monarquia Nacio- cindible son los ideales genéricos, nal, sin particularismo, sin egoismo, eternos, de la democracia»; y con- sin vanidad, sin temor, Su fuerza le cluye: «Somos monárquicos, no tan- viene de su absoluto respeto a la co- 3 porque peep pesan en a Nr en de que a cabeza, o, sino porque ella —España— lo de su aceptación integra de su es- es». Y aclara: «Esperamos de la Mo- tructura política, de su función de narquia, en lo sucesivo, no sólo que servicio desde la cúspide. No es lici- haga posible el derecho y que se re- to pedirle que ejerza funciones que cluya dentro de la Constitución, sino no tiene; no es decente esperar que mucho más: que haga posible el au- lo haga en beneficio de nadie que no mento de la vitalidad nacional». «La sea España en su totalidad política- monarquía tiene que justificar cada mente organizada; es quimérico día su legitimidad, no sólo negativa- pensar que pudiera hacerlo a las ór- mente, cuidando de no faltar al dere- denes de nadie. cho, sino positivamente, impulsando la vida nacional». Y, después de cri- ticar el «lealismo» de Cánovas, que Es claro que el rey ha intensifica- reaparece en Maura, llega a la do gradualmente su poder; se en- fórmula decisiva: «Sobre la Monar- tiende, su poder espiritual, hecho de quía hay por lo menos dos cosas: la estimación, respeto, prestigio; es el justicia y España. Necesario es na- que le corresponde, el que llevo pi- cionalizar la Monarquía». diendo cinco años completos. Pero ¿Qué quiere decir esto? Siete años ¿quién cree que el poder espiritual de )ués, en España ' ¡vertebrada, se noes poder

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